Antropología mexicana: El indigenismo


Tomando como pretexto la conmemoración del día internacional de los pueblos indígenas el pasado 9 de agosto –cuya declaración se realizó oficialmente el 23 de diciembre de 1994 por parte de la Asamblea general de las Naciones Unidas con el objetivo de reivindicar los derechos de las comunidades indígenas- decidí hablar brevemente del papel que ha jugado la población indígena dentro del marco de reflexión y acción de la antropología mexicana.
Hablar de indígenas dentro de la disciplina antropológica, indudablemente nos remite a lo que se conoce como indigenismo –el cual consiste en un conjunto de políticas orientadas a la mejora de las condiciones sociales y materiales de las poblaciones indígenas, con la finalidad de integrarlas a un proyecto de nación-.
En México, el indigenismo surge en el escenario de la revolución de 1910 bajo la premisa de un nacionalismo revolucionario que buscaba la reivindicación y el fortalecimiento de la identidad del mexicano a través de la creación de un proyecto de nación compuesto por iguales –desde el punto de vista cultural, social, político, económico, etc.-, que permitiera virar hacia un futuro de “progreso y desarrollo”.
Dentro de este presupuesto, la población indígena era considerada como un sinónimo de “atraso” que obstaculizaba dicha consolidación nacional y, por lo tanto, debía de ser transformada –a través del mestizaje- para lograr así su integración al proyecto de nación.
Supongo que hasta aquí se preguntarán ¿y todo esto qué tiene qué ver con la antropología?, pues bien, responderé que en este período la antropología mexicana adquirió gran importancia, ya que el antropólogo se convirtió en aquel personaje capaz de llevar a cabo la transformación del indígena; los estudios antropológicos contribuyeron a desarrollar programas y políticas que favorecieran la integración de la población indígena y la antropología se transformó así en una disciplina con “acción social”.
Sin embargo, la antropología indigenista ha recibido múltiples críticas debido principalmente a la visión tan unilineal que se tenía del progreso y del desarrollo, en donde la posibilidad dialógica –entre indígenas y mestizos- era irrealizable, y en donde los indígenas no podían aspirar a una autonomía –las primeras críticas a esta corriente las encontramos en la obra denominada De eso que llaman antropología-.
Para concluir, podemos decir que los tiempos han cambiado, los paradigmas antropológicos se han modificado, el indigenismo ha sido substituido por nuevas posturas como las neo-indigenistas, pero ¿qué ha pasado con los indígenas?, ¿realmente la perspectiva sobre las poblaciones indígenas ha cambiado tanto desde la época del indigenismo hasta la fecha?, ¿seguimos desdeñando a las culturas indígenas o ya hemos comenzado a reivindicarlas?
Por Liliana Vidó